La historia del Bingo

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Algunos historiadores mencionan que los antiguos romanos jugaban su propia versión de lo que hoy en día conocemos como Bingo. No obstante, hay poca información sobre ello, por lo que se inclinan por la hipótesis de que este juego tuvo origen en Italia en 1530. Dicho juego solía ser jugado en las ferias de los pueblos y se le conocía como “Beano”.

Consistía en tarjetas con números. Un hombre sacaba discos numerados de una caja y decía en voz alta los dígitos que aparecían en él. Los participantes, marcaban con alubias los números en sus cartones y aquel que lo llenaba gritaba “Beano!”.

Una vez llegado a Francia el Bingo comenzó a ser jugado por la clase alta. Luego llegó a Alemania, donde su sentido de juego de azar cambió a un sentido educativo. A través de este juego los niños aprendían matemáticas, letras e historia. Posteriormente llegó a países como España y México, adoptando características propias.

En 1929 el “Beano” llegó a Norteamérica donde un vendedor de juguetes llamado Edward Lowe lo perfeccionó y lo rebautizó con el nombre por el que hoy en día lo conocemos: “Bingo”.

En general, los principales asistentes al Bingo son hombres y mujeres que de la “tercera edad”, lo que no quiere decir que sea el único público del Bingo. En muchas mesas pueden verse adolescentes acompañando a sus padres o abuelos. El Bingo se ha vuelto parte de la cultura estadounidense en general.

En las salas de Bingo tradicionales, es común ver que las señoras van en grupos de amigas no sólo para acompañarse, sino para contarse los acontecimientos de sus vidas, su familia o su trabajo. En cambio los caballeros independientes y van solos, pero algunos aprovechan la pausa entre serie y serie para convivir, hacer amigos y, por qué no, encontrar a la mujer de su vida, como sucedió en Border Bingo. En aquella oportunidad un señor, un tanto en broma y otro tanto en serio, le propuso a una de las jugadoras de bingo que si ganaba, la invitaría a cenar. Así fue, luego de lo cual entablaron una relación amorosa y contrajeron matrimonio.

El Bingo, en la modalidad que conocemos, consiste en cartones con 24 números diferentes con un espacio libre al centro, pero desde hace algunos años dichos cartones se presentan en la pantalla de una computadora.

Setenta y cinco bolillas numeradas están guardadas en un tambor transparente que es girado para asegurar que siempre caigan al azar. El “anunciador” toma cada una de las bolillas y menciona a través de un micrófono los números que van apareciendo. Para que una persona gane alguno de los siete juegos que tiene cada serie, tiene que formar líneas verticales, horizontales, figuras o letras.

Cuando alguno de los participantes llena su cartón de bingo con la figura correspondiente, debe gritar “¡Bingo!” para que el juego concluya y el premio sea pagado. Si más de una persona gana, el dinero del bote es dividido en partes iguales.


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